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sábado, 16 de mayo de 2020

Cómo es vivir desempleado en Estados Unidos: un trance sin indemnización ni prepaga y con un subsidio que no siempre llega




La pandemia provocó una avalancha de desocupados, en un país donde los derechos laborales son muy escasos.

Juan Abarca tiene 19 años y apenas salió del secundario comenzó a trabajar de mozo en dos lugares del centro de Washington: un local de comida rápida de lunes a viernes y un bar los fines de semana. Cumplía horario desde las 5 de la tarde hasta las 11 de la noche, y ganaba casi 15 dólares la hora, más las propinas. Pero hace más de un mes, por las restricciones impuestas por el coronavirus, los dos negocios cerraron y Juan se quedó sin trabajo.Por la pandemia, pasó de ganar unos 700 dólares por semana a no tener nada. "Por suerte todavía vivo con mis padres, que trabajan en una panadería y en tareas de limpieza por la tarde. Así que aún puedo comer”, dice a Clarín. “Cuando me despidieron me recomendaron que pidiera el seguro de desempleo y enseguida lo hice. Me inscribí online, pero pasó más de un mes y todavía no me depositaron nada", se lamenta. Mientras tanto, tampoco tiene seguro médico porque expiró con el despido.
El caso de Juan se repite a lo largo y a lo ancho de los Estados Unidos, particularmente en los estados más afectados y en las comunidades que se han mostrado más vulnerables a perder el trabajo: los latinos y los afroamericanos
Con una desocupación que se disparó en menos de dos meses de 3,5% al 14,7% actual, casi 37 millones de personas solicitaron un seguro de desempleo desde que comenzó la pandemia, se supo el jueves. Las solicitudes en los programas estatales fueron 2,98 millones en la última semana. Connecticut reportó la mayoría de los pedidos. Georgia, Florida, California y Nueva York también tuvieron más de 200.000 solicitudes.
Si bien los estadounidenses pueden solicitar beneficios a medida que pierden sus empleos o son suspendidos, no está claro cuántos realmente están recibiendo hoy esos fondos. Algunos estados han informado de demoras en las aprobaciones y pagos, mientras que muchas personas, después de fallas y demoras, no han recibido más información o beneficios. Como Juan, que aún espera.
Leticia Saucedo, profesora de Derecho en la University of California Davis, especializada en derecho laboral migratorio, explicó a Clarín cómo es el proceso para pedir el seguro de desempleo: “Hay que solicitarlo online al Departamento de Trabajo del estado donde uno vive y ellos verifican si el empleado trabajó en el negocio por la cantidad de tiempo que dice y si dejó de trabajar por el virus. Luego de este proceso de verificación, la persona recibe un porcentaje del salario en pagos por semana”.
El desempleado cobraría –por alrededor de 6 meses, según el estado--, aproximadamente un 80% de su sueldo, incluida la propina, con un tope de 600 dólares semanales.
Dada la excepcionalidad de la pandemia, el Congreso aprobó un paquete de medidas económicas de emergencia de 2 billones de dólares para varios sectores y que también destinó más fondos para el desempleo. Entonces la administración de Donald Trump anunció que sumaría 600 dólares semanales al subsidio estatal por al menos tres meses. Pero lo importante, resalta Saucedo, es que el gobierno federal también incluyó en ese beneficio a los contratados, que quedan excluidos del seguro estatal
Es clave porque en Estados Unidos hay muchos millones de contratados (alrededor del 20% de la fuerza laboral) que no son empleados, como por ejemplo los trabajadores agrícolas o los que manejan un Uber. Para ayudar a esas personas, el gobierno hizo un programa especial y reciben igual un beneficio federal, que son 600 dólares por semana”, señala. Esto tendrá vigencia hasta el 31 de julio.
Pero, además, gracias al paquete de emergencia aprobado por los legisladores, el gobierno otorgó 1.200 dólares a todos los estadounidenses que ganen menos de 100.000 dólares por año y que hayan pagado impuestos, tengan trabajo o no.
En resumen: cuando logren que le aprueben los trámites, un ex trabajador permanente como Juan recibirá 560 dólares por semana (el 80% de su sueldo más propina) por el seguro estatal, más una suma adicional de 600 dólares por semana del gobierno federal, más un pago extra de 1.200 dólares por única vez, al menos por ahora. Si Juan hubiera sido un contratado, sólo recibiría los 600 del gobierno federal más los 1.200.

Seguro médico

¿Qué sucede con el seguro de salud? El contratado no tiene seguro de salud, debe pagárselo por su cuenta. En el caso de los empleados, es un beneficio que puede existir si se lo da el empleador, porque en Estados Unidos no tiene obligación de hacerlo. Pero si lo tuviera, automáticamente lo pierde cuando es despedido. Recordemos que los derechos laborales aquí son muy escasos: por ejemplo, el empleador no está obligado a dar al trabajador vacaciones, ni licencia por maternidad o enfermedad, aunque muchos igualmente lo brindan. Tampoco existe indemnización por despido.
Para Laura Huizar, abogada experta en derecho laboral del National Employment Law Project, “las personas que tenían seguro de salud por su empleo, pero han perdido su trabajo, pueden mantener ese mismo seguro, quizás con un precio más bajo, a través el Obamacare (el plan de salud que se aprobó durante la gestión de Barack Obama) o Medicaid (programa para los que tienen bajos recursos)”, según dijo a Clarín. Pero en todo caso deben ellos afrontar el costo.

Latinos y negros, los más afectados

Las comunidades más afectadas por el desempleo son las de latinos y los afroamericanos. Si bien el desempleo a nivel nacional es de 14,7%, "el 18,6% de los trabajadores latinos, o casi uno de cada cinco, han perdido su empleo. Y eso que esta cifra no refleja la realidad completa porque no incluye a trabajadores a tiempo parcial", dice Huizar. Para la experta, hay varias razones para este fenómeno como el racismo estructural, la segregación ocupacional y la falta de sindicatos en muchas industrias.
Además, "los trabajadores latinos y trabajadores de color representan un número desproporcionado de trabajadores en industrias que han cerrado sus operaciones a causa de la pandemia como la construcción, la hostelería, los servicios de limpieza y el trabajo doméstico. Además, sólo el 16% de trabajadores latinos pueden trabajar desde su casa, en comparación con el 30% de trabajadores blancos, según el Departamento de Trabajo".
Huizar señala también que los latinos representan “porciones desproporcionadas” en industrias que son esenciales para la economía pero en las que hay una falta de salarios justos, beneficios, y protecciones importantes. Por ejemplo, representan más de la mitad de trabajadores agrícolas; casi el 40% de los trabajadores de la producción de alimentos; el 29% de los asistentes médicos y el 20% de los trabajadores de supermercado
“En estos trabajos esenciales hay una falta enorme de protecciones laborales y el gobierno federal actual se preocupa más por la protección de empresas y empresarios que por la protección de trabajadores que están enfrentando un riesgo mayor frente al coronavirus", añade.
La experta también apunta un riesgo a futuro: "No sabemos exactamente qué sucederá cuando muchos trabajadores no quieran regresar a su empleo porque su empleador no ha tomado medidas para protegerlos. Es posible que no sean elegibles para subsidios de desempleo".
Washington, corresponsal / Paula Lugones